Uno de los logros personales que más me enorgullecen es un viaje de mochilero, que duró casi 4 meses, en los últimos tiempos en que los viajes eran de verdad.

Viajes como los que se hacían antes, sin red, porque para viajar en serio hay que cortar las raíces, no estar atado a nada, con el único contacto posible a través de un teléfono público que devoraba las monedas, destinadas a comer y pasar la noche, sabiendo que un minuto más de la voz de tu vieja te iba a costar la merienda, si es que andabas con plata para un lujo como la merienda.

La mente divaga en el tiempo y el espacio, haciendo que la familia, los amigos y tu universo conocido se pierdan, para vivir intensamente el presente, y estar más cerca de uno mismo de lo que nunca habías estado antes.

Y eso no se puede hacer con un celular que te conecta permanentemente con tus contactos. Llevándolos con vos constantemente, como compinches, hace que mires la realidad como de una vidriera y no te deja ser parte del paisaje.

Épocas en que cada foto costaba, lo que obligaba a vivir plenamente el entorno, para elegir la mejor toma, de tal manera que antes de sacarla ya estaba impregnada en tu cabeza. Hoy sacamos fotos tan indiscriminadamente, que a veces parecen fotos ajenas, y nos descubrimos incrédulos viendo en ellas cosas que no habíamos dado cuenta en el viaje. Eso era imposible con los rollos, incluso uno casi no miraba las fotos reveladas, porque siempre se quedaban cortas, desilusionaban frente al recuerdo presente todavía entre los ojos y la nuca, sin importar el tiempo que pasara. Hoy parece ocurrir lo contrario.

Descubrir asombrado, las maravillas de una ciudad que se presenta como un misterio, es imposible si ya la escrudiñaste previamente con foros, opiniones de «lo que hay que hacer», fotos de viajeros y Google view, que se consiguen con un click. Viajar se convierte en una carrera de eficiencia, que no nos permite perdernos de nada, teniendo un conocimiento del lugar superior al que tienen los locales, sin haber puesto un pie en destino todavía.

Nos quitan todo riesgo de equivocarnos, de dormir en una playa por no encontrar habitación, de hacer amigos, forzado por la necesidad de preguntar para encontrar un lugar o recomendaciones de donde conviene ir a comer, … sin la ayuda de tripadvisor.

Tirarse en el pasto de una plaza abriendo un mapa, …sí, un mapa de papel, tratando de entender un idioma extraño, que nos definirá donde pasaremos la noche mañana, chequeando tablas de trenes, sabiendo que cada decisión contiene un componente gigantesco de incertidumbre, obliga a agudizar tus sentidos más que nunca, y nos graba ese mapa en las retinas, inequívocamente, a diferencia de Google maps que nos va guiando a derecha e izquierda, ciegos, sin referencia ni visión general, todas las ciudades parecen iguales.

Épocas en las que cuando uno se iba de vacaciones, las habitaciones no tenían televisor, ni escuchabamos las noticias y al volver a casa, nos parecía distinta, porque nosotros habíamos cambiado.

Hoy en cada habitación de hotel seguimos la serie en Netflix, continuando la rutina de casa de la que tanto queríamos escapar.

Volvíamos con la cabeza limpia, nuestra mente había deambulado por lugares infrecuentes y no podíamos creer todo lo que había pasado en casa mientras nos fuimos. Hoy es como si nunca nos hubiéramos ido.

Hemos convertido una aventura que te puede cambiar la vida, en un paseo eficientemente organizado, sin riesgos, sin emoción, que convierte a todos los lugares en lo mismo, ya sea que aparezca de fondo la torre Eifel o el Coliseo, lo terminamos disfrutando en una foto de Instagram satisfechos de nosotros mismos, pero con un sentimiento que nos hace dudar si realmente estuvimos ahí.

Llegando al final de los 40, no quiero parecer un viejo renegado antes de tiempo, que declara que todo tiempo pasado fue mejor, esto no es una campaña en contra de la tecnología.

La tecnología es una herramienta maravillosa que potencia nuestra capacidad, llevándonos a lugares que no podríamos haber llegado, pero como toda herramienta debe ser utilizada es su justa medida.

Así que si realmente quieren saber lo que es viajar, una vez aunque sea, dejen el teléfono en casa y compren una cámara de rollos, si es que todavía existen, una libreta, un mapa y una mochila y les aseguro que les despertará un hambre que no habían conocido, para devorar las rutas.